Durante mucho tiempo, se ha pensado que hacer ejercicio era bueno principalmente para mantenernos en forma, cuidar el corazón o perder algunos kilos. Pero en los últimos años, la ciencia ha empezado a mostrarnos algo todavía más fascinante: mover el cuerpo también fortalece la mente. Sí, hacer deporte puede hacernos más listos.

Cada vez son más los estudios que lo confirman: la actividad física no solo mejora el estado de ánimo y combate el estrés, sino que también potencia la memoria, la atención, la toma de decisiones y otras habilidades cognitivas clave. ¿Cómo es posible que algo tan cotidiano como salir a caminar, correr o practicar yoga influya tanto en el cerebro? A continuación te lo contamos, con respaldo de la ciencia.

Cuando haces ejercicio, tu cerebro también entrena
Uno de los efectos más estudiados del ejercicio físico es su impacto en la memoria. Cuando nos movemos, nuestro cuerpo produce una sustancia llamada BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que funciona como un fertilizante para las neuronas. Este factor favorece la creación de nuevas conexiones entre células cerebrales y fortalece regiones clave como el hipocampo, que es esencial para recordar información.

Un estudio realizado en el University College de Londres observó que personas mayores, al hacer tan solo 30 minutos de actividad física moderada, como caminar o andar en bicicleta, mostraban una mejora en su memoria a corto plazo al día siguiente. Y no estamos hablando de atletas: estos beneficios se observaron en personas que llevaban una vida más bien sedentaria.

La clave no está en correr maratones ni en pasar horas en el gimnasio, sino en la regularidad y en elegir actividades que impliquen movimiento continuo, como caminar, nadar o incluso bailar. La buena noticia es que los beneficios se empiezan a notar con sesiones de apenas 20 a 30 minutos, y sus efectos pueden durar hasta varias horas después.

Más atención, mejor enfoque, decisiones más acertadas
La memoria no es la única beneficiada. Otro de los grandes impactos del ejercicio físico se da en las funciones ejecutivas, es decir, aquellas habilidades que usamos para concentrarnos, planificar, tomar decisiones, cambiar de estrategia cuando algo no funciona o controlar nuestros impulsos. Y aquí, el deporte vuelve a ser un aliado poderoso.

Varios estudios han mostrado que tras una sesión de ejercicio moderado, muchas personas experimentan una mejora en su capacidad de concentración y una mayor agilidad mental. Este efecto ha sido especialmente notorio en niños, adolescentes y adultos con trastorno por déficit de atención (TDAH), quienes mostraron un mejor control de la atención y del comportamiento tras hacer ejercicio físico.

Incluso en entornos escolares, se ha visto que incluir actividad física en la jornada mejora el rendimiento en materias como matemáticas o lectura. La explicación no tiene que ver con que el ejercicio «enseñe» matemáticas, sino con que activa áreas del cerebro responsables del enfoque y la memoria de trabajo, lo que facilita el aprendizaje.

¿Y si el deporte también alimentara la creatividad?
Aunque suene sorprendente, hacer ejercicio también podría hacernos más creativos. Algunos estudios recientes han explorado el vínculo entre movimiento y pensamiento creativo, y han descubierto que caminar al aire libre, por ejemplo, estimula la generación de ideas nuevas y mejora la capacidad para resolver problemas.

Además, actividades como el yoga, el tai chi o los llamados exergames (juegos interactivos que combinan movimiento y desafío cognitivo) no solo ponen en marcha el cuerpo, sino también la mente. Estos ejercicios exigen atención, equilibrio, coordinación y respuesta rápida, lo que implica un trabajo conjunto entre varias áreas del cerebro.

Un metaestudio publicado en el British Journal of Sports Medicine, que analizó más de 130 investigaciones con más de 250.000 participantes, concluyó que el ejercicio físico tiene un impacto significativo en múltiples funciones cognitivas, incluso con actividades de baja intensidad. La recomendación es clara: moverse, aunque sea poco, es mejor que no moverse.

A largo plazo, el cerebro también envejece mejor
El deporte no solo tiene efectos inmediatos. A largo plazo, practicar ejercicio de forma regular puede incluso proteger al cerebro del deterioro asociado a la edad. Estudios recientes han encontrado que las personas activas físicamente presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como la demencia o el Alzheimer.

Esto se debe a que el ejercicio, además de favorecer la plasticidad cerebral, también mejora el flujo sanguíneo en el cerebro, reduce la inflamación y combate el estrés oxidativo. En resumen: nos ayuda a mantener nuestras neuronas vivas y activas durante más tiempo.

Entonces, ¿cuál es el mejor ejercicio para el cerebro?
No hay una receta única, pero sí algunas pautas que la ciencia respalda:

Ejercicio aeróbico moderado (como caminar, nadar o bailar) durante 30 a 60 minutos, de 3 a 5 veces por semana.

Entrenamientos cuerpo-mente como yoga, pilates o tai chi, ideales para combinar movimiento y enfoque mental.

Juegos interactivos o deportes en equipo, que exigen reacción, estrategia y cooperación, y estimulan varias funciones cognitivas al mismo tiempo.

La clave está en elegir una actividad que se adapte a nuestras posibilidades y que, sobre todo, nos guste. Porque cuando disfrutamos del movimiento, el hábito se sostiene en el tiempo, y ahí es cuando los beneficios realmente florecen.

En conclusión, mover el cuerpo es también una forma de mover la mente. Hacer ejercicio no solo nos da energía o mejora el estado físico; también afina nuestra memoria, nos ayuda a concentrarnos mejor y nos vuelve más hábiles para tomar decisiones. Y lo mejor: los efectos empiezan a notarse desde el primer día.

Así que la próxima vez que salgas a caminar o te pongas a bailar, recuerda que no solo estás cuidando tu corazón… también estás entrenando tu cerebro.